Imaginemos por un momento a un impala a punto de emprender en veloz carrera por su vida, pues ha percibido la presencia de una leona, los mismos instintos de supervivencia que se activan para mantenerse alerta, sumado a sus sentidos muy bien desarrollados y su anatomía que le ayudan en muchas ocasiones a ponerse a buen recaudo, pero imaginemos por un segundo si ese mismo impala no tuviera la velocidad, no tuviera los sentidos como el de la visión y el de escucha muy desarrollados, que pasaría con ese mismo animal en una situación de peligro no tuviera oportunidad siquiera de sobrevivir en un ecosistema plagado de depredadores. En el caso del ser humano es quizás el menos dotado a nivel del reino animal, pero lo compensa con razonamiento e inteligencia emocional. El día de hoy nos referiremos precisamente a este último. Daniel Goleman en su libro sobre Inteligencia emocional, enfatiza que el ser humano es un ser bio – psico- social, y que no basta solo la inteligencia para destacar. Parte fundamental de gestionar nuestros sentimientos y establecer lazos de socialización eficaces están interrelacionados con las emociones y la forma en que nos expresamos, imaginemos por un momento que estas en semáforo en rojo y mientras cambia de color, el vehículo que está detrás comienza a sonar su bocina insistentemente, la pregunta es como actuarias TÚ, la inteligencia sumado al control de las emociones te hará tomar la mejor decisión, de allí que una persona puede percibir tristeza, llanto, melancolía, alegría, enojo, incredulidad, desazón, admiración, repudio, etc., saber controlar y dominar las emociones es fundamental y como lo hacemos sino a través de la inteligencia emocional. Un ejemplo claro es cuando a un hijo de 5 años le pides que no toque el horno donde se está realizando una torta. Dependerá de algunos factores para que el menor no lo haga y evite el quemarse. Regular nuestras emociones implica saber decir NO, por ejemplo, cuando un hijo hace un berrinche en un supermercado y el padre no accede al propósito u objetivo del hijo. Si lo educamos desde las primeras fases del desarrollo será mucho más fácil que el menor también aprenda a controlar sus impulsos y por ende sus emociones. Recordemos que las emociones sin la inteligencia no nos llevasen a tomar buenas decisiones. Como un consejo se dice que antes de una acción es importante tomarse unos segundos respirar profundo y pensar en tres opciones de respuesta y sus posibles efectos a cada respuesta, transcurrido este tiempo téngalo por seguro que la respuesta será la más acertada. Aprender a controlar nuestras emociones es sinónimo de madures emocional.

Docente Universidad Técnica de Babahoyo
Presidente de Asociacion de Psicologos de Milagro y Sectores Aledaños – APMA
Investigador acreditado por la Senescyt

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