Última actualización: 18/05/2026 11:20

El atroz crimen que conmocionó al norte de Guayaquil sigue revelando detalles perturbadores. Andreína Lamota, de 32 años, fue sentenciada por asesinar y desmembrar a su madre, Martha Solís, en un departamento del bloque 12 de Sauces 9. Un informe psiquiátrico exclusivo, realizado por el especialista Juan Montenegro tras una entrevista de más de dos horas en la cárcel de Mujeres, desnuda la mente de una de las criminales consideradas más peligrosas del país, hoy recluida en el penal de La Roca.

De acuerdo con la evaluación de psicopatía, Lamota obtuvo un puntaje de 29 y una calificación de 13 en la escala de violencia de Plutchik, lo que confirma un trastorno de personalidad antisocial y un nivel extremo de violencia. Aunque inicialmente intentó desviar la culpa afirmando que su madre había sido asesinada por una supuesta deuda de 15.000 dólares, finalmente confesó la verdad ante el psiquiatra y admitió que, aunque sabe que debería sentirse arrepentida, no lo siente realmente.

El macabro procedimiento en el departamento de Sauces 9

El asesinato ocurrió en octubre de 2025. Lamota explicó que los conflictos con su madre eran constantes y que la atacó en un momento de ira debido a problemas familiares. La joven detalló cronológicamente que, aprovechando que su madre estaba recostada y bajo el efecto de pastillas para dormir, la ahorcó con el cable de un celular durante 15 minutos. Al notar que aún respiraba, le introdujo gasas en la boca para asegurar su deceso.

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Posteriormente, tras mantener el cadáver oculto en el baño por dos días, utilizó cuchillos de sierra de la cocina para amputar los brazos y separar las piernas, las cuales metió en la lavadora. El tórax lo colocó en un tacho azul y los órganos en una funda. Para evitar que los restos humanos entraran en descomposición y emanaran mal olor, buscó trucos en internet y acudió a un supermercado para comprar fundas de sal gruesa en grano con las que cubrió las extremidades y el torso. Para encubrir la desaparición, Lamota alteró videos propios con edición para hacerse pasar por su madre, pero agentes de la Dinased descubrieron el fraude al mostrar las imágenes a los familiares, quienes identificaron el engaño y confrontaron a la joven hasta que confesó.

Un historial de abusos, adicciones e intentos de suicidio

La evaluación psiquiátrica también sacó a la luz el conflictivo entorno y los antecedentes de Lamota. La procesada reveló haber sufrido abuso sexual a los 11 años por parte de un primo paterno y confesó un intento de suicidio tres años antes del crimen utilizando un bisturí. Entre sus hábitos habituales figuraba el consumo frecuente de alcohol, tabaco y drogas.

A nivel médico y personal, la sentenciada padecía de migrañas y se había sometido a una liposucción un año antes del crimen por problemas de sobrepeso. Asimismo, registraba un antecedente judicial complejo por una acusación de intento de asesinato con escopolamina en contra de un excompañero de trabajo debido al conflicto por un préstamo de dinero.

La conexión con el crimen de Jennifer Banguera

El peritaje psicológico y las investigaciones policiales permitieron además resolver un caso que llevaba años archivado como misterio: la desaparición de su amiga Jennifer Banguera en el año 2022. En el departamento de Sauces 9 se encontraron la computadora, credenciales y tarjetas bancarias de la víctima, cuyos restos desmembrados y cubiertos con cal habían sido hallados dentro de una maleta negra ese mismo año, permaneciendo en la morgue como un cuerpo no identificado (NN).

Lamota terminó confesando que ella misma arrojó los restos de su amiga y que utilizó el mismo modus operandi de enviar mensajes falsos a los padres de Jennifer para fingir que seguía viva. El ministro del Interior ratificó que Lamota es la principal responsable de este segundo homicidio, un patrón criminal que coincidió temporalmente con la época en la que la acusada abandonó sus tratamientos para la depresión y la ansiedad por no sentirse cómoda con los psicólogos.